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La relación de la autoestima y el amor hacia los demás es bidireccional; cuando uno se piensa como un individuo con virtudes y valores, merecedor de afecto, es muy difícil que las demás personas piensen lo contrario. De igual manera, cuando los individuos fundan sus relaciones en la autoestima, son capaces de demostrar el amor que sienten por los otros. La alta autoestima facilita el trato respetuoso a los demás: una persona que se respeta y valora a sí misma es capaz de valorar y respetar al otro. En cambio, “una baja autoestima nos lleva a buscar situaciones degradantes y a perpetuarlas sin importarnos cuánto hayamos de manipular a los demás o de mentirnos a nosotros mismos para poderlo hacer de ese modo” (Tower: 2004, 80).
Ahora bien, hay gente que busca su autoestima perdida en otros. Como notaba Sigmund Freud, la autoestima se eleva cuando uno se siente amado. Por ello, los éxitos y fracasos en las relaciones amorosas se encargan de modificar la apreciación que tenemos de nosotros mismos. “Todos los comportamientos de seducción tienen la función de mejorar la autoestima”, aseguran Christophe André y Franҫoise Lelord (2000) en su libro La autoestima. Gustarse a sí mismo para mejor vivir con los demás. En efecto, así como hay personas con la imperiosa necesidad de seducir y sentirse atractivas –aunque en el fondo desconfían de su capacidad para mantener una pareja estable- hay otras que aceptan mantener una relación con cualquier persona –que incluso las maltrata- porque creen que no pueden conseguir a nadie mejor o, simplemente, no se le acercan a nadie por temor al rechazo (André y Lelord: 2000).
Este tipo de personas basan su autoestima en algo más, lo que se conoce en psicología como autoestima condicional. Si, en cambio, la persona se quiere y respeta, porque es intrínseco a su condición de ser humano o porque así lo ha decidido, vive más feliz. La autoestima incondicional puede llevar a una persona a pensar que es valiosa así tenga dificultades, no tendrá miedo al fracaso, podrá enfrentar mejor sus errores y, sobre todo, podrá querer de una manera más sana a los demás y a sí mismo (Burns: 2000).
André y Lelord enfatizan en que existen tres pilares en los que se fundamenta la autoestima. Detente un momento en ellos y piensa si alguno está fracturado y cuál podría ser la alternativa para arreglarlo, en particular si se ponen en riesgo las relaciones de pareja:
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AMOR POR SÍ MISMO
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VISIÓN DE SÍ MISMO
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CONFIANZA EN SÍ MISMO
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Orígenes
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Calidad y coherencia de los “alimentos afectivos” recibidos por el niño.
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Expectativas, proyectos y proyecciones de los padres sobre el hijo.
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Aprendizaje de las reglas de la acción (atreverse, perseverar, aceptar los fracasos).
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Beneficios
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Estabilidad afectiva, relaciones con los demás; resistencia a la crítica y al rechazo.
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Ambiciones y proyectos que se intentan realizar; resistencia a los obstáculos y a los contratiempos.
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Acción cotidiana fácil y rápida; resistencia a los fracasos.
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Consecuencias en caso de carencia
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Dudas sobre la capacidad para ser apreciado por los demás, convicción de no estar a la altura, mediocre imagen de sí, incluso en caso de éxito material.
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Falta de audacia en las opciones existenciales, conformismo, dependencia de las opiniones de otro, poca perseverancia en las opciones personales.
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Inhibiciones, vacilaciones, abandonos y falta de perseverancia.
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Bibliografía
André, Christophe; y Lelord, Franҫoise. La autoestima. Gustarse a sí mismo para mejor vivir con los demás. Barcelona: Kaliós, 2000.
Burns, David. Autoestima en 10 días. (Trad. Ernesto Thielen). Barcelona: Paidós, 2000.
Niven, David. Los 100 secretos de las parejas felices. Lo que los científicos han descubierto y cómo puede aplicarlo a su vida. (Trad. Tatiana Grosch). Bogotá: Norma, 2003.
Tower, Mark. Autoestima. Venza a su peor enemigo. Madrid: FC Editorial, 2004.
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